Aún hay quienes lamentablemente la llaman "Proceso de Reorganización Nacional". Cuando realmente su nombre ha sido: "Proceso de Desorganización, Represión y Genocidio Nacional". Aún hay quienes lamentablemente consideran que el fin sí justifica los medios. Aún hay hegelianos que consideran que esas personas desaparecidas no eran individuos. Aún hay quienes lamentablemente recuerdan con nostalgia aquella época oscura y turbulenta. Aún hay quienes lamentablemente discuten si el demonio tenía 1 o 2 o 3 cabezas malditas.
Pero hay algo que no se discute: "que nadie podrá olvidar, nunca más, el genocidio de miles de argentinos inocentes que murieron injustificadamente en manos del terrorismo de estado, sin ningún tipo de juicio que les permitiera demostrar su inocencia".
Esa justamente es la gran diferencia con la democracia y el estado de derecho que vivimos, en aquellas épocas todos estábamos sospechados de ser culpables y teníamos que demostrar nuestra inocencia. Hoy todos tenemos la presunción de ser inocentes y se nos debe demostrar nuestra culpabilidad. Por eso fieles a nuestros principios democráticos, los genocidas han tenido un proceso judicial ajustado a derecho, en donde han ejercido su defensa, esa misma defensa que le han negado a todas sus víctimas.
Rogamos a Dios Todopoderoso que las almas de todos los muertos en la época de la Dictadura descansen en paz.
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