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La Revolución de Mayo de 1810 abrió el camino revolucionario de la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata de la Metrópolis, que se plasmaría 6 años después en la ciudad de Tucumán un 9 de julio de 1816.

Bajo la imperiosa necesidad de establecer un orden público y social, independiente de derecho, en la segunda mitad de 1815, el Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata (interino) José Ignacio Álvarez Thomas autorizó la convocatoria a un Congreso Constituyente, que inició sus sesiones en la ciudad de San Miguel de Tucumán el 24 de marzo de 1816. Este congreso, con carácter nacional, contó con representantes de Jujuy, Salta, Tucumán, La Rioja, San Luis, Catamarca, Mendoza, Santiago del Estero, San Juan, Buenos Aires, Córdoba, Charcas, Cochabamba, Tupiza y Mizque.

Todos los constituyentes comprendieron la necesidad de dejar de lado los conflictos internos y de aunar esfuerzos para alcanzar los objetivos principales: proclamarse independientes y dictar una Constitución.

El 9 de julio de 1816 el Congreso proclamó la Independencia argentina de la Corona Española y de toda otra dominación extranjera.

Monumento histórico: la casa de Tucumán

En 1816, ante la necesidad de contar con un local para las sesiones del Congreso que se reuniría en Tucumán, se optó por la Casa de Doña Francisca Bazán de Laguna. La infraestructura de la Casa estaba bastante deteriorada, entonces se decidió demoler el auténtico frente y “las habitaciones del ala derecha del primer patio”, dejando intacto el Salón de la Jura, separado de las nuevas oficinas del Juzgado y Correo, que ocuparon el costado izquierdo y el frente.

De acuerdo con los historiadores, el Ingeniero Stavelius dirigió los trabajos, dando a la casa una fachada “Neoclásica” con un entablamiento y una gran fachada, cuyo arranque estaba flanqueado por “dos leones acostados”.

En 1880, la Casa se encontraba en estado lamentable, con excepción de la nueva fachada. Hasta el techo del Salón de la Jura amenazaba derrumbarse.

En 1896, debido al mal estado de las habitaciones la Casa quedó totalmente abandonada.

En 1902 el deterioro de la casa había avanzado. Doña Guillermina Leston de Guzmán -dama tucumana famosa por sus obras de beneficencia- solicitó al entonces Ministro de Obras y Servicios Públicos de la Nación, Emilio Civit, de paso en Tucumán, que evitara la destrucción de la Casa.

Su solicitud fue escuchada y el Presidente Julio A. Roca aprobó el proyecto de construcción de un templete que protegiese únicamente el Salón de la Jura, demoliéndose el resto de la propiedad. Recordemos que fue el Presidente Nicolás Avellaneda, tucumano como Roca, quien hizo que el Gobierno Nacional adquiriera la Casa en 1874 con la expresa recomendación de que se conservara el “antiguo y venerable salón”. Para ornamentar “El Templete”, el Presidente Roca encargó a la escultura tucumana Lola Mora la confección de los bajorrelieves que representan ‘El 25 de Mayo de 1810′ y ‘La Declaración de la Independencia’. El ‘Templete’ fue inaugurado el 24 de septiembre de 1904.

En 1941 se reconstruyó totalmente al detalle (incluso usando los mismos tipos de ladrillos, tejas y baldosas) basándose en fotografías y documentos existentes. La dirección de la obra de reconstrucción estuvo a cargo del arquitecto Mario J. Buschiazzo. Ese mismo año, la Casa fue declarada Monumento Histórico Nacional.

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